domingo, 28 de diciembre de 2014

El poder oculto de Internet

El poder oculto de Internet
@morguefile
Si hubiera una ventana que permitiera ver el desenlace de un problema, nadie se resistiría a investigar su alcance. Por desgracia no la hay, y cada individuo escoge la mejor forma de afrontarlo, muchas veces mediante el poder oculto de Internet. Algunos lo hacen con optimismo porque tienen un plan y creen que con seguirlo obtendrán ventajas, sin embargo, tenerlo no significa que sea el mejor. Al final todos vuelven al mismo lugar, a solucionarlo sobre el terreno. Por eso es oportuno preguntarse, ¿cuánta dificultad estamos dispuestos a soportar por nuestro negocio? Muchos no se dan cuenta de la proporción de las dificultades, de los altibajos económicos o el cierre de una empresa, y es cuando el rescoldo del incendio alcanza lo personal.

Si orientamos el foco de análisis hacia el cierre de una empresa, pronto nos daremos cuenta de que el cese de actividad no es el final de los problemas, incluso a veces es apenas el principio de los verdaderos conflictos. Sin embargo, no es más que las consecuencias de haber actuado en un mercado vertiginoso, hasta encontrarse ahora al otro lado, donde la gestión de los residuos de un mal momento económico conlleva el cierre de la actividad. Cierre significa quedarse al otro lado de la puerta donde están todos los demás: clientes, proveedores, financiadores, etc.


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“Ocurra lo que ocurra no te muevas de aquí”, suele ser una frase recurrente en la ficción cuando un personaje intenta defender a otro a la vista de un peligro inminente. Aquí sería la expresión maestra. A pesar de todo el movimiento destructivo que se aviva en el entorno del empresario, nunca ha de ser motivo para renunciar a futuros proyectos. Los problemas suelen cobrar fuerza al principio, como si fuesen a devorarlo todo hasta dejar al afectado sin alientos, cerrando todos los caminos de huida. Con frecuencia, en ese momento, se intensifica el deseo de abandonar cualquier proyecto en lo que se está trabajando, con la falsa idea de evitar exponerse a lo que viene.

Todo es corporativo y nada es personal. A pesar de que muchos no lo entiendan de esa manera, cualquier tratamiento comercial se suscribe al ámbito corporativo, por lo que atacar a la persona resulta innecesario. Esto casi nadie lo sabe, por eso recurren directamente al ataque personal, porque identifican al individuo con quien han tratado siempre como el responsable final. Sin embargo, existen cauces legales donde acudir a reclamar aquello que se cree haber perdido.

El empresario también debe saber hacer esta distinción. A pesar de que las transacciones se han formalizado de manera individual, nada de lo allí resuelto adquiere responsabilidad personal. Simplemente se ha escenificado una representación corporativa, por lo tanto, no puede alguien asumir la carga como persona, sino como empresa, bajo el paraguas legal que eso conlleva.

Por desgracia, cuando se cierra un negocio, es complicado separar la paja de la semilla, o lo que es lo mismo, la persona de la empresa. Pero es el momento de medir el alcance de nuestros puntos de vista, que generan debates que no siempre brindan la posibilidad de explicarse o de presentar los números que llevaron al cese de actividad. Por eso decir que podemos expresarnos no significa hacerlo adecuadamente y, más aún cuando somos fuentes de discusiones de amplio espectro, como es el caso de Internet.

Por lo tanto, toda la credibilidad que sepamos transmitir, es toda la garantía de equidad que podemos ofrecer.