viernes, 13 de septiembre de 2013

El valor de la gratitud de hoy en día


¿Cuánto de los agradecimientos que recibimos es verdadero?


“Estoy sumamente feliz; todo ha salido bien”, palabras elocuentes de alguien que acaba de abrir su negocio propio. Se veía en ella la euforia de concebir una idea y llevarla a cabo.
valor de la gratitud
@morguefile
Fuimos muchos los que asistimos al acto de apertura. Al finalizar y ser apabullada por besos y abrazos, le llegaba a la nueva empresaria un segundo momento de euforia, justo cuando su propuesta cosechaba la absoluta aceptación de su público objetivo. Fue el momento de verificar el valor de la gratitud.



Es natural entusiasmarse con un proyecto al observar el elevado interés de sus posibles usuarios.
Si eso ocurre, el emprendedor cosecha una euforia extraordinaria por haber posicionado su propuesta en la puerta del posible éxito. Lo máximo que se puede recomendar en estos casos es aprovechar ese momento de euforia en beneficio de la propia idea, porque en ese instante de tranquilidad y satisfacción se puede visualizar mejor todo el valor añadido que rodea a la iniciativa. Tampoco se trata de emborracharse del éxito inicial y perder la perspectiva de lo que se tiene entre manos, simplemente hay que disfrutar del momento y lograr que esa euforia genere nuevos recursos, nuevos elementos que la incertidumbre había estado ocultando a nuestros ojos. Así un simple resultado positivo generará un gran resultado positivo. Mi segunda recomendación sería olvidarse de los besos y abrazos, porque la mitad de esos actos no valen nada.



Hablemos un momento de la gratitud personal o profesional como resultado de una acción. Podría decirse que el mayor anhelo de un creador es conseguir gratitud por su trabajo, no en términos económicos, sino en término sentimental, personal. Percibir la completa satisfacción de la otra persona al encontrarse con nuestra creación, genera una intensidad anímica imposible de expresar con palabras. Es cuando bulle la gratitud; todo el mundo se siente en la obligación de agradecernos tan digno resultado. Sin embargo, no se puede valorar la dimensión de la propuesta basándose sólo esa recompensa engañosa, porque la gratitud es la expresión más devaluada de nuestro tiempo. El sistema educativo que nos ha forjado en término social, nos ha llevado a asumir esa expresión como una obligación, cuando no debería ser así. En realidad solo deberíamos dar las gracias por aquello que realmente lo merece, pero con innegable sinceridad. No hace mucho una mujer me preguntó la hora. “¡Gracias!”, respondió ella cuando se lo dije. “No, gracias a ti”, dije yo instintivamente, como si fuese ella quien me había aportado algo, cuando el realidad era justo al revés. Esta mecanización de la palabra conlleva la pérdida de su valor real, porque nos han inculcado ser educados con tanta fuerza que al final asumimos expresiones espontáneamente, cuando en realidad conllevan un gran contenido anímico y debían generarse a partir de un sentimiento auténtico.



valor de la gratitud
@morguefile
La gratitud es mucho más complicada en términos comerciales o de innovación, porque las retribuciones se miden en conceptos materiales, lo cual traslada la satisfacción hacia los elementos, arrebatándosela a la persona. Naturalmente la relación está articulada sobre un intercambio equitativo de necesidades, es decir, la satisfacción del que paga se traslada del creador del producto a su propio dinero. El comprador es infinitamente más feliz cuando consigue entregar su dinero a cambio de un producto cuyo valor considera adecuado al desembolso realizado, en lugar de fijarse en el propio producto o en la persona que lo ha creado. Consiguientemente, la gratitud en el ámbito comercial nunca responde al bienestar por acceder a un artículo creado por una persona, sino a la idea de haber hecho un buen negocio.



Pero, a pesar de todo esto, existe un impulso de gratitud que creará en el cliente la necesidad de repetir el mismo intercambio con nosotros. Si conseguimos satisfacer sus necesidades materiales, volverá a nosotros. Ese será nuestro triunfo. El resultado siempre será la consecuencia de una acción bien ejecutada, lo cual no se puede dibujar de la nada. Así pues, es inútil basar nuestra búsqueda en la gratitud por lo que hemos creado o puesto en marcha, porque si realmente se lo merece, llegará, y si lo buscamos con demasiado ahínco sólo lograremos engañarnos.