sábado, 28 de diciembre de 2013

Veinteañeros son dueños de empresas

El emprendimiento no sabe de edad

© TEJEDERAS. El País.com
Según un artículo publicado en el diario El País hace poco, con el título México, tierra de ‘startups’, más de 500 millones de euros son movidos por los emprendedores jóvenes en ese país, además de tener funcionando más de 500 incubadoras de empresas. Todo parece un milagro, el recorrido por la grandeza de lo que han conseguido estos jóvenes alienta a cualquier emprendedor a ponerse en marcha. Sin embargo, al que leyera la carta al director de hace unos días, publicada en el mismo periódico, con este titular: El timo de las ayudas a los emprendedores en Madrid, habría creído que ha nacido en el país equivocado. Una vez vistas las dos situaciones, sólo cabe preguntarnos ¿dónde estamos? ¿Qué nos espera realmente aquí? Pero no todo está perdido. El contraste de situaciones es muy habitual, si no fuese así estaríamos todos condenados a una monotonía insalubre.

Hay que reconocer que en España también se están haciendo progresos en términos de encuentros entre emprendedores e innovación; no todo se deja a la voluntad o al capricho del destino, a que los ciudadanos se conviertan en emprendedores a la fuerza. Muchos hablan de la fuga de cerebros, sólo porque algunos hacen todo lo posible por hacerla realidad. Cada vez son más los que comprenden que uno de los instrumentos para lograr el éxito es trabajar en función de las oportunidades que ofrece el mercado. Estar atento a la tendencia, proponer un plan con posibilidad real de negocio




Si se saltan los pasos no vale de nada dar vueltas sobre una idea, porque existe alto porcentaje de fracaso. Pero una vez asumido, sólo queda creer en la propuesta, visualizarla con perspectiva, convertir esa demanda en un negocio real. Partir de la comprensión de que emprender es un proceso que hay que saber gestionar. No se trata de pensar en estructuras o propuestas disparatadas para imponérselo al mercado, sino justo al revés, crear a partir del mercado, no hacia él.


Las oportunidades están siempre presentes en todas partes, sólo necesitamos estar atentos para captarlas. Desagraciadamente en muchos casos esa falta de pericia para darnos cuenta de lo que nos está pidiendo el entorno del consumo nos lleva a perder la oportunidad. Pero si lo identificamos, nunca debiéramos de renunciar a actuar. Imaginemos que somos exploradores en pleno viaje por la jungla y de repente nos encontramos junto a un gran acantilado, con más de 50 metros de abertura entre una orilla y otra, pero con dos cuerdas que cruzan ese vacío firmemente sujetas en cada lado. ¿Cuál sería la mejor opción para cruzar? El 70% de exploradores mirará en la cascada de agua que cruza furibunda por debajo y resolverá recorrer kilómetros para rodearlo, decididos a no exponerse al evidente peligro. El 10% se quedará largo rato mirando sin saber qué hacer, lo tienen delante, pero no son capaces de discernir entre la mejor o la peor decisión. Otro 10% lo habrá encontrado pero ni siquiera habrá contemplado la posibilidad de aprovecharlo. Dos cuerdas atadas de lado a lado no significarán nada para ellos. Un 7% se habrá lanzado a la carrera hacia la cuerda nada más verlas, convencidos de haber encontrado el camino más corto para cruzar al otro lado, ansiosos por llegar el primero antes de que las cuerdas se gasten y acaben por romperse dejándoles sin el preciado atajo. Pero lo habrán hecho con excesivo ímpetu, sin considerar los riesgos y acabarán precipitados en la corriente que los habrá llevado para siempre. Sólo el 3% de los exploradores se tomará el tiempo en valorar las condiciones de ese paso, el grosor de la cuerda, los metros que separan una costa de otra, y al final habrán cruzado con todos los detalles estudiados, consiguiendo así realmente acortar el camino al otro lado. Este ejercicio de identificar y aprovechar la oportunidad es fundamental para conseguir el objetivo sin dejar los recursos por el camino.