martes, 10 de diciembre de 2013

La diferencia entre ser y no ser

Llegado a este punto, nadie puede ya enseñarnos nada.


La diferencia entre ser y no ser
@morguefile
Sentados delante de una tienda que echaba el cierre, con el propietario recogiendo sus pertenencias, excedentes de productos, aquellos que no había podido rematar y debía llevarlos consigo antes de entregar las llaves, mi compañera y yo nos dimos cuenta de lo rápido que se esfuman los sueños. “Cuesta poner algo en marcha, pero no cuesta nada acabar con ello”, me dijo ella. Entendía que no intentaba enseñarme nada, era evidente la diferencia entre ser y no ser


A diario nos encontramos con infinidad de pequeños negocios que cierran sus puertas, llevándose consigo la ilusión y los pocos ahorros de quienes los emprenden buscando encontrarse con la prosperidad y la independencia imposible.

No obstante, sobre los hombros de esos emprendedores, obligados ahora a renunciar a sus propuestas, quedan la experiencia, el rastro de la dedicación, la satisfacción de haber sido capaz de materializar un sueño. Nadie era ajeno al principio ni sorprendido ahora por la dificultad para salir a flote, pero si sólo se tuviese en cuenta la posibilidad del fracaso, nada nuevo podría surgir. No puede negarse el sacrificio del emprendimiento. Emprender, sobre todo un negocio, es separarse del resto. Entendedme bien, una iniciativa comercial traslada al otro lado, conlleva dejar de ser empleado para convertirse en empresario. Esa es una diferencia fundamental. ¿Cuántas veces no habrá cruzado, un pequeño empresario, ante grupos de empleados que se divierten después de su jornada laboral, aparentemente sin preocupación, mientras él aún persigue encontrar soporte para fortalecer su negocio? Sin embargo, cada cual escoge en qué bando actuar, nadie obliga a comprometernos con una propuesta u otra, ni se trata de tener más o menos responsabilidad. Pero la realidad está ahí.

“A veces me gustaría ser camionera”, siguió comentándome mi compañera sin dejar de mirar las puertas ya cerradas del negocio desmantelado. La entendí sin necesidad de escuchar nada más; no pretendía desmerecer el trabajo ni el empeño de los camioneros que se pasan media vida en la carretera. Ella se refería al hecho de sentarse al mando del volante para ir y venir sin más, escenificando una forma de alejarse de ese esfuerzo brutal del pequeño comerciante, una forma de esquivar la asfixia de los compromisos, de las horas desconsoladas esperando encontrar algún cliente, para al final, como tantos que hemos visto, acabar rindiéndose ante la imposibilidad de seguir.

Nos marchamos en silencio, convencidos de no haber aprendido nada de aquello; ya habíamos vivido todo eso antes. "¡Hay que dejar salir antes de entrar!", se quejó una mujer en la puerta de tren. Unos viajeros le devolvieron una virulenta réplica, cuando ella sólo expresaba una verdad indiscutible. Estaba visto que esta sociedad había aprendido tanto de todo que intentar educar estaba ya mal visto.