martes, 3 de diciembre de 2013

La persona y sus demonios

Viajar al interior de uno mismo es gratis.

La persona y sus demonios
@morguefile
Hace un tiempo tuve acceso a un blog muy bueno sobre la fortaleza interior de las personas y he creído oportuno traer el tema aquí. No pretendo consolidar mi argumento a la sombra de una opinión estupenda, simplemente, estoy de acuerdo con su fundamento de principio a fin, porque creo que en esta vida la persona y sus demonios viajan juntos, cada cual debe aletear su propio vuelo. 


De hecho, la teoría del Interés Productivo, mi teoría, es que el éxito está en el interior de las personas; el único conocimiento productivo es el de uno mismo, nadie puede triunfar con las cualidades ajenas, ni valiéndose de los conocimientos de otros, a no ser que se los compre y, en tal caso, sólo se estaría creando un escenario engañoso de triunfos sustentados en la fortaleza de otros.

Pero las personas somos así. Tenemos debilidad por los ecos del ruido de nuestro entorno en lugar de valorar nuestras propias virtudes. Es tan descomunal la energía malgastada persiguiendo el universo ajeno, ya sea para desprestigiarlo, imitarlo o alejarse de él, que si ese mismo ímpetu lo empleásemos en beneficio de las virtudes propias o para crear algo productivo, sería maravilloso. En este punto siempre me surge una pregunta, ¿cuánto placer hay en estar al asecho de otra persona? Ninguno. Esa actitud sólo alimenta miserias, desventuras que consumen de forma inexorable la llama de la virtud de uno mismo.

Cuando se pierde de vista la naturaleza propia, empiezan a aflorar los miedos, las incertidumbres a la hora de acometer ciertas acciones, la inseguridad, etc. Todo porque el valor personal que debería actuar de generador de confianza y de optimismo, se desvanece y uno sólo empieza a ver maravillas en los hechos ajenos. Ese es el momento de realizar un viaje interior; si se procede a tiempo se encontrará la luz, si no, la oscuridad puede ser para siempre.

Hace un tiempo me encontré con una persona que tenía una brillante idea, pero que estaba padeciendo una situación un poco inexplicable, sobre todo para él. Resulta que no podía desarrollarla porque carecía de contactos, de financiadores. Llevado por la necesidad de colocar su creación en el mercado, entregó su idea a otra persona que, casualmente no tenía ninguna idea que aportar, pero muchos contactos. “¡Prácticamente, se ha quedado con mi idea!”, se lamentaba esta persona. “Eso no debe agobiarte”, le dije. Me miró con incredulidad. “Tú puedes crear, esa persona no. Si has creado una vez, lo puedes repetir”. Sonrió. Entendí en su alegría dos cosas, la primera: la creatividad es consustancial a la persona, no tiene fecha de caducidad ni limite de producción y, la segunda: por más que le robarán la idea, esa creación siempre será suya, sólo él conoce la naturaleza de lo que ha creado.  


Pero no hay nada más doloroso que perder la propiedad de algo que hemos creado. No obstante, estoy convencido de que el tiempo siempre aplica justicia, y el éxito es más completo cuando se consigue desde la cordura y honestidad.